Liderazgo... en el hogar

He escuchado muchas veces un refrán que dice: "Ningún éxito en la vida puede compensar el fracaso en el hogar". Se nos enseña tanto que debemos ser líderes: en el trabajo, en nuestro grupo de amigos, con el mundo en general; que nos olvidamos de los más importantes... los integrantes de nuestra propia familia.

 Estuve leyendo en una revista (Tell magazine) una columna escrita por la sicóloga Pilar Sordo, la cual encontré muy interesante y por eso se las comparto:

"Al analizar la realidad de la familia chilena, nos encontramos con muchas alteraciones que hacen que nuestros hijos estén impacientes, con cero tolerancia a la frustración y con poca capacidad para agradecer las cosas simples de la vida.

Al preguntarnos sobre las causas de estos factores, de acuerdo con los resultados de mis investigaciones, esto se debe a que a los papás se nos olvidó que éramos autoridad y que mandábamos en la casa. Los padres, cada día, consienten más a sus hijos, para evitar conflictos y para tratar de ser 'papás modernos', de esos que nunca dicen nada fijo y que son los reyes del 'depende'. Sumemos a lo anterior que tenemos a nuestros hijos tapados de cosas - y claramente tienen demasiado - y, por lo tanto, no sabemos enseñarles a agradecer lo simple, porque nosotros, como adultos, tampoco agradecemos nada. Nuestra generación es una generación de adultos tensos, con cara de 'deuda', que siempre hacemos cosas urgentes, pero pocas importantes.

Otro aspecto trascendental es el no enseñar a nuestros hijos tres pilares que hay que reeducar, como son la responsabilidad, la re-educación de la libertad, como un concepto que tiene que ver con el vencerse a sí mismo y no hacer lo que yo quiera, y por último, está la educación de la fuerza de voluntad.

Cuando estos tres pilares se mezclan con límites claros, disciplina y con la capacidad de los padres para decires que no y, al mismo tiempo, se les enseña que la felicidad está en la decisión de ser feliz y que eso no depende de lo que me pase o de lo que tenga, entonces, nos falta un solo ingrediente que es el decirles todos los días que los amamos y que estamos orgullosos de ellos.

Quizá debiéramos preguntarnos todos los días si hoy amamos lo suficiente a quienes amamos; tal vez eso nos debiera dar insomnio y no las deudas, ¿no es verdad?.

De esta manera, tendremos hijos que puedan ser felices sin miedo al dolor, con una espiritualidad desarrollada y no centrados en ellos mismos.

Traten de aplicar estas pautas..."

  Bastante interesantes sus escritos, me han hecho reflexionar...

  Saludos!

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Anita





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